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No todas las grasas son iguales para los niveles hormonales

No todas las grasas son iguales para los niveles hormonales

A principios de los 80 y 90 de las dietas bajas en grasa eran la manera convencional para bajar de peso; se constituían de pechugas de pollo y claras de huevo, tomando en cuenta que en ese entonces, las grasas eran insalubres; lo que pasa es que los niveles de testosterona alcanzan su pico durante los 20 años del hombre y posteriormente se reducen con el tiempo, acumulando lo que se lleva en el estilo de vida (estrés, dieta inadecuada, inactividad física, el cigarrillo o la bebida, la falta de sueño o los medicamentos), que en su conjunto suman al envejecimiento la decaída hormonal.

La mayoría de los hombres no asocian los alimentos con la testosterona, sobre todo dejando afuera las grasas en el caso de los que entrenan duro, lo que puede dañar la producción natural de la hormona, que en definitiva ayuda a construir los músculos. Uno de los fascinantes estudios que sugieren que la dieta puede aumentar la testosterona se llevó a cabo en 2000 cuando los investigadores compararon los niveles de hormonas sexuales en suero en 42 hombres que comían carne magra 150 g por un lado y, por otro, 290 g de tofu al día, encontrándose una proporción significativamente más alta de la testosterona en los niveles de estradiol en los consumidores de carne, asumiéndose así que no todas las grasas son iguales para los niveles hormonales.

Dos importantes estudios que examinan las dietas vegetarianas citan que ésta presenta niveles elevados de la globulina transportadora de hormonas sexuales que se unen a la testosterona; en este caso es problemático para los hombres que son atletas, ya que disminuye la cantidad de testosterona libre, llevando al hombre a la infertilidad, la disminución del deseo sexual, disfunción eréctil y reducción del rendimiento en el gimnasio, además de incrementar el riesgo de aparición de sobre-entreno.

Las mejores grasas para la testosterona

La mayoría de los hombres necesitan una mezcla de grasas monosaturadas para optimizar los niveles de testosterona; parece que las grasas poliinsaturadas y trans se asocian con una disminución en la testosterona, vinculándose la conclusión con un estudio sobre el tipo de lípidos, que parece influir en las concentraciones circulantes de la hormona. En esta investigación los predictores más fuertes de los niveles de testosterona fueron los marcadores MUFA y SFA, sin verse afectadas las concentraciones de cortisol por la grasa añadida de la dieta.

Sin embargo, este estudio no analizó específicamente los efectos del aceite graso esencial del olivo, que es nuestro alimento mediterráneo por excelencia; uno de los estudios mejor encarados sobre el tema hechos con 60 hombres de 23 a 40 años, se demostró que se produjo un aumento de testosterona y la hormona luteinizante sérica total al consumirse unos 25 ml de aceite de argán o la misma cantidad de aceite de oliva virgen al término de tres semanas.

Otro estudio hecho con roedores que se dividieron en grupos de aceite de soja, de oliva, de coco o de uva, demostró que después de dos meses, los que consumieron el aceite de coco y el aceite de oliva incrementaron la testosterona libre, pero el aceite de oliva mejoró otros aspectos del organismo, encontrándose también una relación directa entre la dieta, la cantidad de colesterol libre en las células de Leydig y el nivel de testosterona; en este caso las células de Leydig producen testosterona a partir del colesterol y una dieta rica en aceite de oliva o de coco, aparentemente ayuda a las células a absorber más colesterol, que es un precursor vital para la producción de testosterona.

Otra teoría sobre que no todas las grasas son iguales para los niveles hormonales es que las células de Leydig empiezan a producir menos testosterona debido al daño celular de los radicales libres y los antioxidantes en el aceite de oliva y el aceite de coco pueden prevenir el daño celular. Aquí el aceite de oliva y el aceite de coco también incrementaron las dos enzimas necesarias para la producción de testosterona, que eran la 3-beta-HSD y la 17-beta-HSD; esto se hizo en cultivos celulares así que no es una prueba concluyente de que funciona en la vida real.

Las grasas en el post-entreno

Los niveles de grasa son importantes para la producción de testosterona, pero parece que después del ejercicio, es posible que desee mantener bajo el consumo de grasas; este tema es el menos estudiado y no hay mucha investigación sobre los efectos de una dieta alta en grasas sobre las vías de señalización anabólica en el post-entreno. Uno podría sospechar que el consumo de grasa después del ejercicio sería anabólica, pero una nueva investigación publicada en varios medios científicos cita que puede atenuar las respuestas anabólicas.

Los investigadores examinaron como las dietas altas en grasa afectaban la señalización anabólica mediante la proteína p70S6K, que en el músculo, actúa como un supervisor que controla el proceso de construcción muscular. Por ejemplo, la combinación de ejercicios de resistencia y el consumo de proteína de suero produce un aumento de dos veces la actividad de la proteína, p-70S6K1; en términos simples, la proteína p-70S6K1 es un importante factor de crecimiento muscular y está más que demostrado que la leucina en el post-entreno incrementa esta proteína.

Por otro lado, anteriores investigaciones sobre el tema que no todas las grasas son iguales para los niveles hormonales mostraron los efectos de la reducción de carbohidratos y alta disponibilidad de grasa después del ejercicio y su relación con la señalización celular y la expresión de los genes que regulan la síntesis de proteínas musculares, lo que lleva a comparar los resultados.

  • El Grupo 1: Una dieta alta en carbohidratos/baja en grasas (10 g/kg de carbohidratos, 2.5 g/kg de proteínas y 0.8 g/kg de grasa).
  • El Grupo 2: Una dieta baja en carbohidratos/alta en grasas (2,5 g/kg de carbohidratos, 2,5 g/kg de proteínas y 3,5 g/kg de grasa).

Al final del estudio, el glucógeno muscular fue menor a los 3 y 15 horas en el Grupo 2 en comparación al Grupo 1; esto es de esperar porque que después de un entreno intenso, la quema de los genes aumenta después de una comida alta en grasas en contraste con una comida alta en carbohidratos. Además, los genes que queman grasa, PDK4, CD36, y el ARNm CPT1 fueron mayores en la dieta alta en grasas (Grupo 2) en el período de recuperación de post-entreno, en comparación con la dieta alta en carbohidratos (Grupo 1).

Una de las adaptaciones a una dieta alta en grasas es que la maquinaria metabólica para quemar grasa se incrementa; la gran sorpresa fue que la vía de señalización anabólica medida por la actividad de la proteína p70S6K fue superior a las 3 horas en el post-entreno con la dieta alta en carbohidratos (Grupo 2), en comparación con la dieta alta en grasas (Grupo 2). Según esta conclusión, la alimentación con alto contenido de grasa en el post-entreno aumenta los genes para la oxidación de la grasa, sin embargo, la actividad de la p70S6K1 puede reducirse con una alimentación alta en grasas, debilitando potencialmente los procesos de remodelación del músculo esquelético.

Con base en la investigación actual, las dietas altas en grasas saturadas y monoinsaturadas como el aceite de oliva son algunas de los mejores grasas para los aumentos de la producción natural de testosterona, mientras las dietas bajas en grasas de la dieta pueden reducir los niveles óptimos de testosterona, después de saber que no todas las grasas son iguales para los niveles hormonales.

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Fuentes

  • Lipids Research: Influence of commercial dietary oils on lipid composition and testosterone production in interstitial cells isolated from rat testis.
  • The Journal of Strength & Conditioning Research: Serum Sex Hormone–Binding Globulin and Cortisol Concentrations are Associated With Overreaching During Strenuous Military Training.
  • Fertil Steril 2010: Clinical studies show no effects of soy protein or isoflavones on reproductive hormones in men: results of a meta-analysis.

1 comentario
  1. Derlis
    Derlis
    13 octubre, 2016 a las 2:17 pm

    Interesante artículo!!!

    Responder
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