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Las bacterias intestinales y las enfermedades hepáticas

Los subproductos químicos producidos por las bacterias intestinales podrían formar la base de una prueba para detectar las primeras etapas de la enfermedad hepática, según un estudio europeo publicado en la revista Nature.  El equipo de investigación cree que la producción de ácido fenilacético (PAA) por los microbios intestinales es un indicador confiable del inicio temprano de la enfermedad del hígado graso no alcohólico (NAFLD).

Al usar el PAA como un marcador biológico, podría idearse una prueba en la que la sangre de un paciente podría ser examinada para detectar el compuesto que también señala a aquellos con un mayor riesgo de la afección. A través de este trabajo, es posible que hayamos descubierto un biomarcador para la enfermedad en sí, explicaron los científicos del Departamento de Cirugía y Cáncer del Imperial College de Londres. En general, demuestra que el microbioma definitivamente está teniendo un efecto en nuestra salud.

Hasta el momento, los estudios que usan roedores han resaltado el papel del microbioma intestinal en las enfermedades  hepáticas. El NAFLD, en particular, comparte un modo de acción con otras afecciones como la diabetes tipo 2 y los trastornos cardiovasculares que vinculan su desarrollo y variedad de síntomas. A pesar de esto, los mecanismos fisiológicos detrás de esta interacción siguen siendo poco conocidos.

Mientras que el NAFLD puede detectarse a través de un análisis de sangre y una ecografía, es posible que no se confirme hasta que haya un daño hepático significativo. Los científicos examinaron la sangre y la orina, biopsias hepáticas y muestras fecales tomadas de 100 mujeres en sobrepeso con hígado graso. Luego, los datos se compararon con pacientes sanos para identificar pequeñas variaciones entre los dos grupos de muestra.

El verdadero valor de las bacterias intestinales

Una variación notable fue la producción incrementada de PAA, un compuesto producido por el microbioma intestinal en grandes cantidades en el grupo de muestra con hígado graso; la inspección adicional también reveló una asociación entre la enfermedad del hígado graso y los pequeños cambios en el perfil del microbioma. El equipo sugirió que cuanto más avanzada estaba la enfermedad, más disminuía el número total de genes codificados por las bacterias intestinales, una medida indirecta de que el microbioma era menos diverso, compuesto por menos tipos diferentes de bacterias.

La literatura científica muestra que el microbioma cambia en una variedad de enfermedades, pero puede ser un caso “del huevo y la gallina” y no necesariamente causa y efecto, según los investigadores. Está claro que el microbioma nos influye porque en algún momento tenemos alrededor de 200 metabolitos en nuestra circulación de nuestras bacterias intestinales, por lo que tienen efectos a largo plazo y pueden estar influyendo en las enfermedades hepáticas; entonces, para explorar más a fondo esta línea de investigación, el equipo que trató ratones sanos con PAA descubrió que causaba la acumulación de grasa en el hígado.

La opción de los trasplantes fecales

Los trasplantes fecales también se usaron en la investigación con ratones que desarrollan hígados grasos cuando transfirieron una muestra fecal junto con su microbioma de un paciente con enfermedad hepática grasa. El colapso en la diversidad genética de las bacterias intestinales observado en los trastornos metabólicos es preocupante, citan los investigadores del Imperial College, del departamento de cirugía y cáncer de la universidad y autores principales del estudio.

Nuestros microbios intestinales parecen perder la capacidad de producir compuestos beneficiosos y en su lugar, comienzan a producir los que nos ponen en una trayectoria de las enfermedades hepáticas. Se cree que el uso de señales químicas producidas por las bacterias intestinales para detectar enfermedades es “emocionante”, aunque la perspectiva de una prueba de detección simple es aún un paso adelante de lo que se posee hoy en día en materia de tecnología médica.

Ahora debemos explorar más a fondo este vínculo y ver si los compuestos como el PAA se pueden usar para identificar a los pacientes en riesgo e incluso predecir el curso de las enfermedades hepáticas. La buena noticia es que al manipular las bacterias intestinales, podremos prevenir la enfermedad del hígado graso y sus complicaciones cardiometabólicas a largo plazo.

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Fuente

  • Nature Medicine​ Research: Molecular phenomics and metagenomics of hepatic steatosis in non-diabetic obese women

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